Ya nos habían hablado de la simpatía de sus gentes y como muestra un botón pecoso con melena increiblemente peliroja, que nos cedió amablemente su asiento para que pudieramos viajar los tres juntos, (eso de la familia unida les da igual a las aerlíneas).
Esta chica tan maja volvía a su país, no paro de hablar en tooodo el vuelo que dió para que entablara amistad con sus dos compañeros de asiento, que cosas del destino, viajaban también solos y bueno, subieron solos al avión y se marcharon juntos a comenzar su aventura irlandesa con su nueva amiga peliroja como anfitriona de lujo.
Comenzaremos y terminaremos nuestro viaje en Dublin, arrastrando nuestras maletas por el aeropuerto, en busca del bus que nos lleve al hotel, nos da la bienvenida un conejo que come con avidez la jugosa hierba de la zona verde del aeropuerto. Es lo primero verde que veremos en este país donde el color verde es capaz de sintetizar en un solo adjetivo lo que es Irlanda: ante todo, maravillosamente verde.
Cogimos el bus correcto, en este primer tour improvisado empezamos a descubrir las primeras pinceladas de la ciudad llenas del color de sus edificios y pub, salpicado todo de flores aquí y allá, le daban a todo el conjunto un encanto especial, era como recorrer desde nuestro bus las calles de la peli Notting Hill.


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